viernes, 28 de diciembre de 2012

LOS EVANGELIOS APÓCRIFOS

Domingo 12 de Enero de 1992 – EL NORTE – 3 I

No son inspirados por el Espíritu Santo.


Según el diccionario Larousse, la palabra Apócrifo significa “No auténtico, falso, oculto, fabuloso, supuesto o fingido. Dícese de los libros sagrados cuya inspiración divina no es segura”.

Preocupados por las lecturas en las narraciones canónicas, algunos autores del siglo II al IV, a veces evidentemente heréticos, las rellenaron con episodios pintorescos como la infancia de Jesús, multiplicando puerilmente sus prodigios; otros que subrayan la pasión y exageran lo milagroso, Algunos rechazan enfáticamente todo lo sexual y otros dan dichos de Jesús gnostizados.

La Iglesia Universal de los primeros siglos, guiada por el Espíritu Santo, desechó estos Evangelios y no los incluyo en el canon, es decir, el conjunto de libros con inspiración divina.




Entre los evangelios apócrifos conocidos se presentan los siguientes:

E. de San Pedro.
E. de Nicodemo.
Proto E. de Santiago
E. de la infancia del Señor
E. de los doce Apóstoles
E. de Matías
E. de Judas.
E. de Bartolomé
E. de la verdad
E. de Tomás
E. de Felipe.
E. de los Hebreos
E. de los Egipcios.

Cuando una persona o iglesia basa sus enseñanzas en estos evangelios apócrifos, llega a doctrinas equivocadas y fantasiosas quedando bajo el engaño del error.

La posición de las Iglesias Evangélicas se resume en la declaración hecha por la Confesión de fe de Westminster en el año de 1647 con respecto a los libros apócrifos, ya sea del Antiguo del Nuevo Testamento.

“Los libros comúnmente llamados apócrifos, al no ser de inspiración divina, no son parte del canon de la Escritura; y en consecuencia no tienen autoridad en la Iglesia de Dios, ni han de ser aprobados ni utilizados más que cualesquiera otros escritos humanos”.



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