domingo, 2 de diciembre de 2012

Las Armas de David

Domingo 3 de Noviembre de 1991 – EL NORTE – 25 F

Las Armas de David.
Por el Presbítero Agustín Villarreal.

David escuchó el sonido de la guerra, la alarma de combate. Su pueblo estaba en contra de los filisteos. Se hallaban amenazados por un gigante filisteo que media casi 3 Mts. De altura y pesaba 209 Kgs. Este esperaba que alguien del ejército Israelita lo enfrentase; ya que si alguien lo hacia los perdedores serían esclavos de los vencedores. Cuando David se enteró de eso, decidió combatir contra él, pues David sabía que la guerra no era de él si no de su Dios. ¡Jehová de los ejércitos! Así David salió al valle de Ela a luchar. Cuando el gigante lo vio sin una armadura y sin armas, se burló y le dijo: “¿Soy yo un perro para que vengas a mí con palos” y maldijo a sus dioses (1ra Samuel 17: 43). Sin embargo David le contestó con toda seguridad: “Jehová te entregará ahora en mi mano, y yo te venceré y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con lanza y con espada, porque de Jehová es la batalla…. ” (1ra de Samuel 17: 46).

Pero quien era David era el menor de los ocho hijos de Isal, tenía aproximadamente 16 años y era pastor de ovejas. El usaba un callado y una honda para cuidar a sus ovejas. Fue con ese simple instrumento: la honda, como venció a Goliat.

Recuerda que tu lucha no la vencerás con tus fuerzas, porque de Jehová es la batalla. Confía en él y descansa en sus manos. Haz lo mejor de tu parte y observa la salvación de Jehová. Tú vencerás a tu enemigo no con armas complicadas, sino con la oración, estando seguro de tu Dios.

La grandeza de David radicaba en 7 secretos:

1. Fue un corazón conforme a Dios (1 Samuel 16: 7, 12, Hechos 13: 22).
2. El Espíritu de Jehová estaba sobre él. (1 Samuel 16: 13 y 18).
3. Adquirió experiencia antes de enfrentarse a Goliat (1 Samuel 17: 34-37).
4. No se apresuraba a tomar decisiones, sino que las pensaba bien (1 Samuel 18: 14).
5. Sacaba provecho de lo que tenía (1 Samuel 22: 2).
6. Fue perdedor (1 Samuel 24: 6).
7. No veía la mano del hombre contra él (2 Samuel 16: 10).





El secreto más grande fue que Dios levantaría de David un reino eterno (2 Samuel 7: 16). Este reino se ha levantado en Jesucristo. En una ocasión un ciego de Jericó clamó a Jesús que lo sanara diciendo “Jesús hijo de David ten misericordia de mi”. Cristo sano al ciego porque lo busco en su necesidad. Clama a él y te sanará. Clama a Él y te librará de todos los “gigantes” que te rodean.



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