miércoles, 5 de diciembre de 2012

Me estoy hundiendo.

Domingo 10 de Mayo de 1992 – EL NORTE – 17 A

Por Harold Hill

Cuando era niño vivía en el campo y un día cuando estábamos sentados por los pantanos, resbale en el barro y comencé a hundirme. Estaba aterrorizado de morir.

Recientemente el Señor trajo a mi memoria de todas las religiones, las filosofías y los cultos en los cuales me había mezclado y me mostró lo que podían ofrecer cuando estaba hundiéndome en el negro lodo que representaba el pecado en mi vida.

Confucio me dijo: “Es mejor que te mantengas alejado de tales lugares, muchacho”, y habiéndome dado ese maravilloso consejo, siguió su camino y dejo hundiéndome.

Buda declaró: “Que esto sea una lección para ti, mi hijo”. Y me hundí más todavía. Yo había sido un budista y sabía que esas cosas tenían el propósito de ser lecciones, de manera que cuando fuera reencarnado la próxima vez, yo pudiera tener una existencia mejor.

Mahoma susurro y dijo: “Es la voluntad de Alá” y seguía hundiéndome.

La ciencia cristiana manifestó: “Es solamente un error en tu mente. En verdad no estás en ninguna dificultad. Lo que pasa es que no estás pensando correctamente”, me hundí otro centímetro más y ya no quedaban muchos centímetros.

Los hindúes me dijeron: “Le deseamos mejor suerte en la próxima reencarnación”, el sucio y negro lodo me seguía tragando.

El evolucionista me dijo: “Todo lo que necesita es un poco más de tiempo, el tiempo cura todas las cosas, amigo”, pero con cada minuto que pasaba me encontraba peor que antes.

Yoga me dijo: “Trascienda sus problemas”, lo había tratado de hacer, me había dedicado a la contemplación por tanto tiempo que me había aburrido y me había hundido hasta la cintura.

Un adivinador me dijo: “Consulte con el zodiaco, las estrellas tienen la respuesta”, pero las estrellas no alumbraron ese día y así me hundí más profundamente.

Darwin dijo: “Se trata de supervivencia de los m{as aptos, si es apto sobrevivirá”, eso era exactamente lo que temía. Al hundirme unos centímetros más, demostré mi ineptitud para cualquier cosa excepto para ser enterrado vivo.

Aristóteles me sonrió y dijo: “Mi hijo conócete a ti mismo”, ahí estaba el problema. Yo me concia a mí mismo y estaba destinado para el montón de barro.

Platón afirmó: “La respuesta está en la verdad, simplemente busca la verdad”, la verdad es que yo estaba a punto de ser aniquilado.

Zoroastro dijo: “Use su poder de la voluntad”, pero yo había usado el mío hasta lo último, y no me había servido de nada. Estaba por perecer.

Un psiquiatra me dijo: “No se sienta culpable, todo lo que necesita es salir y cometer más pecados”, pero me encontraba de tal manera esclavizado que no había manera de ir a ninguna parte o hacer ninguna cosa.

Había practicado fronteras espirituales, Nueva era, etc. Ninguno de ellos me había ayudado en lo más mínimo. Yo me hundía cada vez más hasta encontrarme completamente perdido.

No existía religión, ni filosofía que no hubiera probado. Todas pretendían ser diferentes, pero eran todas lo mismo, inútiles, dejándome en mi miserable, vacía, enajenada, hastiada, vana, hedionda condición de cadáver.

Pero sucedió entonces que pasó Jesús por allí y me dijo: “Yo soy el camino. Yo soy el único camino, solamente dame tu mano”.

Solamente le tendí mi mano y Él la tomó entre la suya. Me sacó de ese barro negro inmundo y puso mis pies sobre la roca sólida, lavándome también.




0 comentarios:

Temas