jueves, 8 de noviembre de 2012

PAPÁ REGRESA A CASA.

24 F – EL NORTE – Domingo 19 de Julio de 1992

Por un hijo atribulado

Papá: Después de tu llamada del día de ayer, ha venido el deseo a mi corazón de escribirte, para compartir contigo unas ideas que han estado dando vueltas por mi mente desde algún tiempo y que, por alguna razón u otra, no las habíamos comentado.

Papá, sabes cuánto te amo, y lo que enseguida te digo, no es algo que se me ha venido a ocurrir a mí, ni es el producto de mi sabiduría, sino es lo que Dios dispone respecto a la situación que están viviendo tú y mi madre en su matrimonio.

Tú lejos de casa, de tu mujer, de tu familia, intentando volver a empezar una nueva vida, y con una demanda de divorcio encima.




Papá: primero que nada es necesario reconocer que hay una voluntad que está por encima de toda voluntad humana, una voluntad que dijo: “Sean los cielos, la luna y las estrellas”, y dijo también: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”, una voluntad que rige y gobierna no sólo nuestras vidas, sino el universo entero, una voluntad que esta puesta para ser obedecida, la voluntad suprema de Dios.

Por otro lado, estoy seguro que quieres resolver este problema de la mejor manera, con toda la sabiduría. Bien la Palabra de Dios nos dice que lo insensato de Dios es más sabio que la sabiduría de los hombres, y que sus pensamientos son superiores a nuestros pensamientos; que sus caminos son más altos que cualquier camino trazado por consejo y sabiduría de hombre; por lo tanto tu mejor decisión, la verdadera sabiduría está en ver y hacer lo que Dios dice y manda.

Papá: El matrimonio no es una institución producto de la mente humana. En el principio creó Dios al hombre, y le dio en la mujer ayuda idónea porque vio Dios que no era bueno que el hombre estuviera solo, y dijo Dios… “El hombre se unirá a su mujer y los dos serán una sola persona. Así que ahora ya no son dos, sino una sola persona; por tanto lo que Dios unió, no lo separe el hombre”. Solamente para empezar, que Dios está en contra de toda separación y Divorcio.

Y me podrás decir: “Es que ya no la amo, se acabó el amor que le tenía”. “Me ofendió mucho, me ha hecho mucho daño”. Papá, ¿Qué dice Dios a cerca de esto? La Biblia nos enseña que el amor no es un sentimiento, no es algo que viene y se va, no es algo que se siente y luego se acaba; el amor es una decisión de tu corazón, tú decides dentro de ti odiar a alguien o decides amar a una persona, no es algo que nace dentro de ti y muere, sino que tú decides amar o dejar de amar.

Pero, ¿hasta cuántas veces debo de perdonarla? Las palabras del Señor Jesús para Pedro, son las palabras de Dios para Ti ahora: “Hasta setenta veces siete” es decir, tienes que perdonar, perdonar y seguir perdonando, para que de esa manera que tu Padre que está en los cielos también te perdone a ti, de la misma manera que perdonas a los que te ofenden.

El Señor a cada uno de nosotros nos entrega ciertos dones y talentos, como la vida, el trabajo. Él te da posesiones materiales, te da una mujer, familia hijos, etc. Y un día Él va a venir y te va a pedir cuentas de cada talento que te entregó: ¿Qué hiciste con la vida que te di? ¿Qué hiciste con la inteligencia que te di? ¿Qué hiciste con la familia y los hijos que te di? Por supuesto que en ese momento no importan las quejas, ni las excusas, lo que importa es si se hizo la voluntad de Dios, quien es el dueño de todos los talentos.

Papá el hombre ha sido puesto por Dios como la cabeza de la mujer, como la autoridad en la casa y en la familia, y por lo tanto el responsable delante de Dios de cada hogar.

Cuando el hombre y la mujer desobedecieron a Dios en el huerto del Edén, Dios vino y vino a Adán? Así también Dios vendrá, y no vendrá a la mujer sino al varón: ¿Qué hiciste de la familia que te di?

Papá “Bienaventurado el varón que se deleita en la ley de Dios”, que feliz el que se decide a entender y obedecer la voluntad de Dios, porque todo lo que haga le saldrá bien y en todas sus cosas prosperará.

Papá: Hoy es día de salvación, hoy es día de gozo y alegría, hoy es día de obedecer la voluntad de Dios.

Papá: Tu mujer, tus hijos, tu familia, te estamos esperando, confiados en la fidelidad de nuestro Dios que nos promete: que lo que el unió, no lo separará el hombre. Amén.



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