martes, 4 de septiembre de 2012

Levántate en el nombre de Jesús

24 de Mayo de 1992 – EL NORTE – 7 I

Por Dr. Blake Holt
Ing. Miguel Angel Sanchez

Empieza a escribir Blake: cierto día al terminar un estudio de varones de la palabra de Dios acerca de una persona mayor de edad a la cual estaba ayudando en cierta manera, y ahora recurría a mi y a mis servicios como medico, para atenderle, ya que padecía una dolencia en sus articulaciones que no le permitía moverse y por lo tanto no lo podía trabajar.

Nos pusimos de acuerdo Miguel y yo, en cuanto al día y hora en que habíamos de visitar al anciano en su casa; y mientras llegaba el día, yo meditaba a cerca de la enfermedad que podría estar aquejando a esta persona y a que especialista iba a referirlo.

En fin, llegó el día de la visita y a la llegada de Miguel, sentí en mi corazón que íbamos a presenciar la gloria de Dios. En el camino, platicando, nuestra conversación nos llevo al punto de preguntarnos: ¿Hasta donde llega nuestra fe? ¿Hasta donde somos capaces de creerle a Dios? Nuestra respuesta fue: Creemos que el Señor Jesucristo lo puede sanar y así como levanto aquel cojo por la mano de Pedro 2. , Hoy veremos el milagro en la vida de “mi paciente “.

Continúa escribiendo Miguel: llegamos al lugar donde vive Don Mauricio y lo encontramos sentado, no podía moverse, le era sumamente difícil mantenerse de pie, inclusive apoyándose en un bordón, mucho menos se podría esperar que caminara.

Mi amigo Blake lo saludo enseguida y le compartió el evangelio de Jesucristo: “Cristo murió por ti, El pago por todos tus pecados, El llevo todas tus enfermedades en la cruz. El sigue sanando y salvando hoy en día como lo hizo hace dos mil años”.

Hicimos una pequeña oración para que Don Mauricio recibiera a Jesucristo como su Salvador y Señor de su vida, y así ser un heredero de todas las promesas y bendiciones de Dios 4. El cambio fue inmediato su cara lucia diferente, se veía el gozo del perdón reflejado en su rostro.

Mi amigo Blake entonces le preguntó:
-“¿Cómo se siente Don Mauricio?”.
-“Me siento muy bien.”
-“¿Hay alguna otra cosa que le gustaría pedirle al Señor Jesús?
-“Si, quiero caminar.”
-“Pues en el nombre de Jesús, “¡Levántate y anda!

Frente a nuestros ojos el hombre se levantó, y se le dijo. “¡En el nombre de Jesús camine!” . Primero unos pasitos, y en un rato más ya estaba corriendo dándole gracias a Dios y nos decía: “Me siento ligerito, no me duele nada”.

Desde ese día he visto caminar a ese hombre, y no deja de darle gracias a aquél que lo rescató de la prisión en donde estaba, a Jesucristo, su Señor y Salvador. 6 Amén.

1. San Marcos 9:23

2. Hechos 3: 1-10

3. Isaías 53: 4-5

4. Efesios 2: 12-13

5. San Marcos 16: 17-18

6. San Marcos 16:20

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