jueves, 2 de agosto de 2012

¿Necesitas un Milagro?

¿Necesitas un Milagro?

(Marcos 10: 46-52)
Por el CP Raúl de la Fuente


La palabra de Dios nos habla, de que en cierta ocasión Jesús salía de la ciudad de Jericó acompañado de sus discípulos, y había una persona al lado del camino, que estaba ciego totalmente y pedía limosna.

Bartimeo, el ciego, comenzó a sentir algo raro a su alrededor, un mormullo que poco a poco se fue transformando en gritería. ¿Qué era aquella emoción?, ¿Quién estaba causando todo aquel tumulto?

Pronto se dio cuenta de que el que pasaba por allí era Jesucristo, el Hijo del Dios viviente, Bartimeo ya había oído hablar de Jesús, el carpintero de Galilea, y de sus grandes señales, “ Jesús el que calmó la tempestad”; “Jesús el que había sanado a los leprosos, cojos, ciegos, sordos, mudos, paralíticos”; “Jesús el que resucito la hija de Jairo”; “Jesús el que alimento a cinco mil con solo cinco panes y dos pececillos”; “ Jesús de Nazaret, el que tiene autoridad sobre todo demonio y espíritu inmundo”, “Jesús el Salvador del mundo”: cuantas cosas llegaron a los oídos de aquel ciego que pedía limosna junto al camino.

Bartimeo, al igual que muchos de nosotros hoy en día, necesitaba un milagro; necesitaba de un Libertador, de un Sanador, de un Salvador. En lo profundo de su alma empezó a sentir que se levantaba una esperanza para él. Ser sanado y salir de esa terrible situación que había sufrido toda su vida y seguramente se dijo: “No voy a dejar pasar esta oportunidad, cueste lo que cueste”, Y en aquel amontonamiento, comenzó a gritar: “Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí”.

El Cristo prometido por Dios, de la descendencia de David (Hechos 2:30), en un momento pasaría cerca de Bartimeo, y aquél hombre quería estar seguro que el Cristo no pasaría de largo sin atender su necesidad. “Jesús ten misericordia de mi”. Muchos le decían que callara, otros le empujaban a un lado, pero sus gritos fueron oídos, y pronto estaba ante la presencia de Jesús que le hacia una pregunta: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: que recobre la vista. Jesús le respondió: Vete tu fe te ha salvado; y Bartimeo en seguida recobro la vista.

La pregunta del Señor Jesús ¿Qué quieres que te haga?, está en el aire todavía y es para ti, El no ha cambiado. El sigue siendo el mismo (hebreos 13:8), y su misericordia es tan alta como los cielos (Sal. 36:5), Jesús esta esperando tu respuesta clara y sin rodeos, y te dice: ¿Qué quieres que te haga? El está listo para escuchar de tus labios cual es tu necesidad y tu petición, y hacer de tu vida un milagro. No lo dejes pasar. Aquel ciego no espero una segunda oportunidad para venir a los pies del Señor. Ahora en este momento, empieza a clamar en voz alta como lo hizo Bartimeo: “Señor Jesús, Ten misericordia de mi”.

¿Qué quieres que te haga?

Señor Jesús: El que a Ti viene tu no lo echas fuera (Juan 6: 37). Ponemos en tu manos todas estas peticiones que se levantan frente a Ti, sabiendo que respondes a todas ellas (Jeremías 33: 3). Amén.

Y Bartimeo seguía a Jesús en el camino.

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